El perfume derramado: amor que no calcula
El amor verdadero no calcula. Como el perfume en Betania, la entrega sincera se eleva a Dios y llena la vida de fragancia que transforma el corazón.

Evangelio según san Juan 12,3

«María tomó una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y se los enjugó con su cabellera; y la casa se llenó de la fragancia del perfume.»

Hay gestos que el mundo no entiende. Hay amores que parecen exagerados. Y hay entregas que, vistas desde fuera, parecen desperdicio.

Pero el Evangelio nos revela otra lógica: el amor verdadero no calcula.

Mientras algunos miden, justifican y administran, otros simplemente se entregan. Y esa entrega —aunque incomprendida— termina llenándolo todo.

San Agustín de Hipona

«La casa se llenó del perfume: el mundo se llena de la buena fama de quienes aman a Cristo.»

El amor auténtico no permanece oculto. Como el perfume, se expande, se percibe, transforma el ambiente. No necesita imponerse: basta con que sea verdadero.

Una luz desde la Iglesia contemporánea

San Juan Pablo II

«El amor que no calcula es el que prepara el cuerpo de Cristo para la entrega.»

Antes de comprender plenamente la cruz, alguien ya ha amado. Antes de entender el misterio, alguien ya se ha entregado.

Y ese amor —silencioso, generoso, aparentemente excesivo— entra en el corazón mismo del misterio de Cristo.

El perfume y la oración: el olor que sube a Dios

La fragancia que llena la casa en Betania no es solo un detalle sensible. La Escritura utiliza esta imagen para expresar algo más profundo: la oración y la vida ofrecida que suben a Dios como perfume agradable.

Salmo 140 (141),2

«Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.»

2 Corintios 2,15

«Porque somos el buen olor de Cristo para Dios.»

El gesto de Betania se convierte así en signo de una vida que se derrama, de una oración que asciende, de un amor que no se guarda… sino que se ofrece.

Meditación

¿Cuántas veces nuestro amor es medido, calculado, prudente en exceso? ¿Cuántas veces damos solo lo justo, reservando algo “por si acaso”?

El Evangelio de hoy nos confronta con una pregunta sencilla y profunda: ¿amo a Cristo con medida… o sin reservas?

El perfume derramado no se puede recoger. Una vez ofrecido, ya no vuelve atrás.

Así debería ser también nuestra vida: no retenida, no negociada, sino entregada.

Porque solo el amor que se derrama es el que realmente llega a Dios y permanece.

Oración

Señor, líbrame del corazón que calcula, del amor que mide, de la entrega que negocia. Dame un corazón capaz de derramarse, aunque otros no lo entiendan. Que mi vida, como ese perfume, suba hasta Ti como oración, y llene la casa con tu presencia. Amén.

Carlos Enrique, hijo de Guido, hijo de Arturo, hijos de Dios

Sugerencias para profundizar

Isaías 42,1-7 – El Siervo de Yahvé, manso, elegido y llamado a ser luz de las naciones.

«He aquí mi siervo a quien yo sostengo,
mi elegido en quien se complace mi alma.
He puesto mi espíritu sobre él:
dictará ley a las naciones.

No vociferará ni alzará el tono,
y no hará oír en la calle su voz.

Caña quebrada no partirá,
y mecha mortecina no apagará.
Lealmente hará justicia;

no desmayará ni se quebrará
hasta implantar en la tierra el derecho,
y su instrucción atenderán las islas.

Así dice el Dios Yahvé,
el que crea los cielos y los extiende,
el que hace firme la tierra y lo que en ella brota,
el que da aliento al pueblo que hay en ella,
y espíritu a los que por ella andan.

Yo, Yahvé, te he llamado en justicia,
te así de la mano, te formé,
y te he destinado a ser alianza del pueblo
y luz de las gentes,

para abrir los ojos ciegos,
para sacar del calabozo al preso,
de la cárcel a los que viven en tinieblas.»

Salmo 140 (141),2 – La oración que sube a Dios como incienso agradable en su presencia.

«Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.»

Juan 12,1-11 – La unción en Betania y el amor que se derrama sin calcular.

«María tomó una libra de perfume de nardo puro, muy caro,
ungió los pies de Jesús y se los enjugó con su cabellera;
y la casa se llenó de la fragancia del perfume.

Dijo Judas Iscariote:
“¿Por qué no se vendió este perfume por trescientos denarios
y se dio a los pobres?”

Pero dijo esto no porque le importaran los pobres,
sino porque era ladrón.

Jesús dijo:
“Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura.
Porque pobres siempre tendréis con vosotros;
pero a mí no siempre me tendréis.”»

Lucas 10,38-42 – Marta y María, entre el servicio generoso y la escucha amorosa de la Palabra.

«Marta estaba atareada en muchos quehaceres.
Acercándose, dijo:
“Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo?
Dile, pues, que me ayude.”

Le respondió el Señor:
“Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas;
y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola.
María ha elegido la parte mejor,
que no le será quitada.”»

2 Corintios 2,14-15 – La vida cristiana como fragancia de Cristo que se manifiesta en todo lugar.

«Pero gracias sean dadas a Dios,
que siempre nos lleva en su triunfo en Cristo,
y manifiesta por medio de nosotros
el olor de su conocimiento en todo lugar.

Porque somos el buen olor de Cristo para Dios.»

Apocalipsis 8,3-4 – El incienso ofrecido junto con las oraciones de los santos delante de Dios.

«Vino otro ángel y se puso junto al altar,
llevando un incensario de oro;
y se le dio mucho incienso
para que lo ofreciera con las oraciones de todos los santos.

Y subió delante de Dios la humareda de los perfumes
con las oraciones de los santos.»

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