Corea, Scratch y nuestras niñas, niños y jóvenes: una lección de futuro en pequeñas dosis
Corea nos inspira, el MIT nos recuerda el valor de aprender creando, y Costa Rica nos invita a construir una ruta criolla para enseñar tecnología en pequeñas dosis.

Lic. Carlos Enrique Loria Beeche.

Tecnología en Pastillas — Pastilla #0

Confieso algo desde el inicio: soy un seguidor fanático de las series coreanas.

En mi casa mi esposa y yo disfrutamos verlas, comentarlas, sufrir con sus historias y admirar esa mezcla tan particular de familia, disciplina, belleza visual, esfuerzo y perseverancia.

También disfrutamos tomar soju, con moderación, y nos gusta el kimchi, ese acompañamiento coreano intenso, fermentado y lleno de carácter. Al principio uno lo prueba con cautela. Después empieza a entender por qué forma parte de una cultura tan rica y tan propia.

Pero Corea del Sur no me interesa solamente por sus series, su comida o su música.

Me interesa por algo más profundo: su capacidad de levantarse, organizarse, educar, innovar y convertirse en una potencia tecnológica reconocida en el mundo.

En coreano podríamos decir:

기술은 미래를 준비하는 언어입니다.

La tecnología es un lenguaje para preparar el futuro.

Pongamos en la lupa a quienes parecen avanzar en la dirección correcta: Corea por su visión educativa, el MIT por su espíritu pionero, y Costa Rica por la oportunidad de construir una ruta propia, sencilla y criolla.

Quién escribe

Me presento.

Soy Carlos Enrique Loría Beeche. Fui profesor de la Escuela de Ciencias de la Computación e Informática de la Universidad de Costa Rica. Fui Microsoft MVP entre 2001 y 2003, durante tres años. He trabajado muchos años como consultor y desarrollador de sistemas de información.

Pero hoy quiero presentarme también de otra manera.

Soy abuelo.

Tengo cuatro nietas y cinco nietos. Nueve razones muy concretas para volver a estudiar. Nueve razones para sentarme otra vez frente a una pantalla, abrir Scratch, equivocarme, probar, reírme un poco y aprender.

Uno pensaría que, después de tantos años en tecnología, ya no hace falta empezar de nuevo.

Pero sí hace falta.

La tecnología cambia. Las herramientas cambian. Las niñas, los niños y los jóvenes que tenemos cerca también cambian. Y nosotros, si queremos acompañarlos, también tenemos que seguir aprendiendo.

Por qué Corea

Cuando uno mira a Corea desde lejos, puede quedarse solo con la superficie: los dramas, el K-pop, la gastronomía, la estética, los celulares, los carros, los televisores y las grandes marcas.

Todo eso llama la atención.

Pero detrás de ese éxito hay algo menos visible y mucho más importante: educación, disciplina, planeamiento y una clara apuesta por el futuro.

Corea del Sur ha entendido que la tecnología no se improvisa. Se enseña. Se practica. Se cultiva desde temprano.

Eso me parece digno de observar.

No se trata de mirar a Corea como si fuera un modelo perfecto. Ningún país lo es. Toda sociedad tiene tensiones, presiones y desafíos. Pero sí podemos mirar con respeto aquellos lugares donde parece existir una ruta más clara para preparar a las nuevas generaciones.

Y Corea, en materia de educación tecnológica, parece caminar con intención.

Scratch como puerta

Una de las cosas interesantes que aparece al estudiar experiencias educativas en Corea es el uso inicial de herramientas visuales como Scratch.

Scratch permite programar con bloques. Eso reduce el miedo inicial. La niña o el niño no tiene que empezar peleando con comas, paréntesis, palabras reservadas, errores de escritura o instrucciones difíciles.

Puede empezar jugando.

Pero ese juego no es cualquier juego.

Cuando una niña mueve un personaje en Scratch, está aprendiendo secuencias. Cuando usa un bloque que dice “si ocurre esto, entonces haga aquello”, está aprendiendo condiciones. Cuando repite una acción varias veces, está aprendiendo ciclos. Cuando guarda un puntaje, está usando variables.

Eso ya es pensamiento computacional.

Eso ya es una forma de razonar.

Y ahí está una de las claves: Scratch no debería verse como una actividad bonita para entretener a los estudiantes un rato. Puede ser la primera puerta hacia una manera más ordenada de pensar.

Después de Scratch

Lo que me interesa de la experiencia coreana no es solamente que usen herramientas como Scratch al inicio.

Lo interesante es la idea de ruta.

Primero se trabaja con bloques. Luego se avanza hacia conceptos. Después aparecen estructuras, datos, algoritmos y, más adelante, lenguajes de texto como Python.

Ese avance me parece fundamental.

Scratch puede ser el patio de juegos.

Python puede ser el taller.

La meta no es convertir a todas las niñas, todos los niños y todos los jóvenes en programadores profesionales. La meta es ayudarles a pensar mejor, resolver problemas, crear, experimentar y comprender el mundo digital en el que ya viven.

El MIT también

También soy admirador del MIT.

No de ahora. Desde hace muchos años.

A finales de los años setenta y principios de los ochenta tuve contacto con Lisp, un lenguaje que marcó profundamente la historia de la inteligencia artificial. Desde mi punto de vista, el MIT ha sido una de esas instituciones pioneras que ayudaron a imaginar la computación no solo como cálculo, sino como pensamiento.

Por eso me parece tan interesante que Scratch también venga de ese ambiente de investigación educativa y tecnológica. Scratch nació en el MIT Media Lab, dentro del grupo Lifelong Kindergarten, con una idea poderosa: aprender creando.

Y esa idea me encanta.

Aprender creando.

No solo aprender escuchando. No solo aprender copiando. No solo aprender memorizando.

Aprender haciendo algo.

Una historia. Un juego. Una animación. Una lista. Un pequeño programa. Una solución sencilla.

Una ruta criolla

Aquí es donde entra Costa Rica.

Tenemos talento. Tenemos maestros creativos. Tenemos familias interesadas. Tenemos niñas, niños y jóvenes capaces de muchísimo más de lo que a veces imaginamos.

También tenemos limitaciones reales.

No todas las escuelas tienen el mismo acceso. No todas las familias cuentan con los mismos recursos. No todos los docentes han tenido la misma formación tecnológica. No siempre hay buena conexión a Internet. No siempre hay equipos suficientes.

Por eso necesitamos una ruta criolla.

Una ruta sencilla, práctica, posible.

Una ruta que pueda funcionar en una escuela, en una casa, en una biblioteca, en una academia, en una soda escolar o en la mesa del comedor.

Una ruta donde Scratch sea el inicio, no el final.

Una ruta donde podamos decir: hoy aprendimos a mover un personaje; mañana aprenderemos una variable; pasado mañana una lista; luego una condición; después una estructura de datos; más adelante Python.

Paso a paso.

Pastilla por pastilla.

Qué son pastillas

Esta serie se llama Tecnología en Pastillas porque no pretende ser un curso pesado.

No quiero escribir tratados. No quiero llenar a los maestros, instructores y familias de palabras difíciles. Ya todos tenemos bastante trabajo.

La idea es otra: pequeñas dosis.

Una pastilla debe poder tomarse hoy y servir mañana.

Un maestro debería poder leer un artículo corto y decir: “Esto lo puedo intentar con mis estudiantes”. Una mamá o un papá deberían poder leerlo y pensar: “Esto lo puedo probar con mi hijo”. Un abuelo, como yo, debería poder abrir Scratch con sus nietas y nietos y no sentirse perdido.

Pastillas pequeñas. Prácticas. Repetibles.

No para volvernos expertos de un día para otro.

Para perder el miedo.

Una conversación

Me imagino esta serie como una conversación sencilla.

Como si estuviéramos en una soda escolar.

Un maestro con café. Una instructora revisando tareas. Una mamá preguntando si Scratch sirve de verdad. Un papá preocupado porque su hijo pasa demasiado tiempo frente a una pantalla. Un abuelo, como yo, diciendo: “Yo quiero aprender para enseñarles a los míos”.

Y entonces alguien pregunta:

“¿Por dónde empezamos?”

Mi respuesta sería sencilla:

Empecemos pequeño.

Abramos Scratch. Hagamos que algo se mueva. Luego pongamos una condición. Luego una variable. Luego una lista. Luego un pequeño juego. Luego expliquemos qué aprendimos.

Sin miedo.

Con paciencia.

Con alegría.

Con la humildad de quien aprende y la responsabilidad de quien quiere enseñar.

Para qué enseñar

La computación no se enseña solamente para que alguien trabaje algún día en tecnología.

Se enseña porque ayuda a pensar.

Ayuda a ordenar ideas. Ayuda a dividir problemas grandes en partes pequeñas. Ayuda a probar soluciones. Ayuda a corregir errores. Ayuda a descubrir que equivocarse también es parte del aprendizaje.

Eso vale para la programación.

Y también vale para la vida.

Por eso quiero iniciar esta serie. No como experto que viene a dar cátedra, sino como alguien que ha trabajado muchos años en tecnología y que ahora quiere volver al punto de partida.

Aprender para enseñar.

Enseñar para acompañar.

Acompañar para sembrar futuro.

Pastilla #0

Esta es la Pastilla #0.

La introducción.

El punto de partida.

Corea nos inspira por su visión. El MIT nos recuerda el valor de aprender creando. Costa Rica nos da el terreno donde podemos sembrar una ruta propia, cercana y posible.

Y mis cuatro nietas y cinco nietos me recuerdan el motivo.

Porque al final esa es la pregunta que sostiene todo esto:

¿Para qué queremos enseñar tecnología?

Yo tengo mi respuesta.

Para que las niñas, los niños y los jóvenes que tenemos cerca no solo usen el mundo digital.

Para que puedan entenderlo, cuestionarlo y construir algo mejor.

Próxima pastilla

Vamos a abrir Scratch juntos, sin miedo, y haremos nuestra primera estructura de datos con bloques. Porque una lista también puede ser el inicio de una pequeña aventura.


Addendum: Tecnología en Pastillas — Lo que viene

Esta fue la Pastilla #0, nuestra introducción. A partir de aquí comenzamos a caminar paso a paso:

  • #1. Scratch por primera vez: mover el gato, perder el miedo y empezar a programar.
  • #2. Nuestra primera lista en bloques: descubrir una estructura de datos sin sustos.
  • #3. Snap!: un puente natural hacia ideas más poderosas.
  • #4. Python: pasar de bloques a texto sin perder la confianza.
  • #5. ¿Qué hacemos sin internet?: herramientas locales para aprender incluso con recursos limitados.

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